Cosas de enamorados

Hace un año llegué a vivir en Guayaquil. Desde entonces, viajo cada quince días a Loja, mi ciudad. Entre ida y venida el panorama me cambió por completo. Espero con ansias los fines de semana para ir a casa. Recién ahora me doy cuenta que, en verdad, la comida local es deliciosa. Que puedes caminar tranquila por las calles, porque los pitos no te aturden. El tráfico es manejable y no vas con el susto del asalto. La verdad es que jamás reparé en el detalle que, solamente en el centro, hay cinco iglesias que aún conservan su historia intacta. Y cuando vas por las veredas, las carameleros, los canillitas y los que lustran zapatos te saludan con una tremenda sonrisa en la cara. No te conocen, pero te dan la bienvenida a su lugar de trabajo. La gente va de frente, no esquiva tu mirada. Están personas como Dennise Calle que con #ruraleando renuevan la esperanza y el amor por la medicina. O como Mayra Herrera que, con su blog, está proponiendo constantemente cómo mejorar el paisaje urbanístico. O David Eguiguren, quien hizo realidad el sueño del primer videojuego 100 % lojano. O iniciativas de estudiantes como Alza la mirada, desconéctate, que invitan a usar correctamente toda la tecnología que nos rodea. Proyectos como #Loxaesmás que inspiran a amar la ciudad. Tenemos el primer Parque Eólico de Ecuador, que también es el más alto del mundo. Ahora se planea la primera bicípolis del país, es decir, un vecindario abiertamente amigable con la bicicleta, muy propia de ciudades como Ámsterdam, Copenhague, Barcelona, Montreal y Bogotá. Iniciativas como Misión sonrisa, que llenan de alegría los hospitales.
Hay un constante movimiento ciudadano que gira en torno a cómo mejorar la situación actual. Yo no me enamoré de Loja, Loja me enamoró a mí. Mi ciudad me dejó de ser un misterio. Cada día toca mi umbral de asombro y cariño. Y lo eleva constantemente. Seguramente a muchos les pasa lo mismo.

1175086_581526495239214_1589634468_n

La otra cara de la regeneración urbana

Hoy, pasadas las 10:30 de la mañana, el alcalde Nebot llegó a la calle Los Ríos. Un pequeño grupo de simpatizantes lo esperaba en la esquina con globos celestes y blancos. Funcionarios municipales coordinaban todo. El motivo de su vista era mostrar que Los Ríos, desde la Portete hasta El Oro, está regenerada. La autoridad se bajó de la camioneta y caminó rápidamente por las aceras reparadas. Comprobó que los cables aéreos ahora son subterráneos, que los basureros estuvieran en su lugar y el aspecto de los postes metálicos; todo esto, parte de la obra de un millón 200 mil dólares que lleva ejecutando el Municipio desde hace seis meses.
El camino es corto, no más de diez cuadras de un punto a otro. Todos caminaban rápidamente, al paso del alcalde. En la mitad del trayecto, entre gritos como “¡Viva Guayaquil!” y “¡Viva el alcalde!” nadie se percató de un mendigo acostado en la vereda, apoyado en un pedazo de techo metálico. Sin zapatos y con la ropa manchada. Con las uñas largas y sucias. Sin ánimo de gesticular una palabra. Algunos pasaron, literalmente, encima de él cual año viejo. Los medios tampoco notaron su presencia porque estaban preocupados por captar el momento exacto de Nebot sonriendo y saludando con la mirada al frente. Una acción mecánica: levantar la mano, caminar, mostrar satisfacción. Así, hasta que las luces de las cámaras estén en ‘off’. Fueron segundos, cuando el mendigo quedó atrás, solo, en medio de la modernidad de la acera.
Minutos después, en sus declaraciones, el alcalde declaró: “le cambiamos la cara a la ciudad, y esto hace que la gente viva con mayor dignidad”. A esta tesis la apoyan personas como Angela Soriana, propietaria de la Mueblería Angelita, quien dijo que luego de esperar varios años, la calle se ve más elegante. Y Lionel Lino, del local Servicio Electro “Lino”; dijo que los ciudadanos contribuirán al mantenimiento con el aseo diario para no dañar el aspecto visual. Durante la jornada, Grecia Cando, concejal del cantón también estuvo presente. Al consultarle sobre el valor de la obra, afirmó que “simboliza el avance de la programación establecida a través de las obras que el alcalde dispone”.
Se sabe que la muestra de esta regeneración no duró más de una hora. Lo que no se sabe es cuánto tiempo llevaba ese mendigo ahí. Si comió o no. Si está sano o enfermo. Si vive en la calle o si tiene dónde dormir. Si se beneficia o no de esta obra. La gente vio que la fachada de la calle Los Ríos es moderna, pero nadie observó la otra cara de la renovación. La otra mitad del paisaje.

Mi carnaval sin nombre

Yo tenía temor a los sin nombre. Me topé con ellos pocas veces y en todas las ocasiones cruzaba la vereda; esquivaba sus miradas. Si por casualidad alguno de ellos rozaba sus brazos con los míos, mientras pasábamos al lado, una corriente de miedo recorría de mi corazón al vientre y del vientre a los pies.
No tener nombre es no tener rostro. Más allá de la teoría de la identidad, estos seres son grises. De naturaleza muerta. No es falta de imaginación no tenerlo; es una elección de vida. Aunque el anonimato puede ser dueño muchos beneficios, alguien tienes que ser detrás de esos ojos. De esa boca. De esa piel.
*
Mi rutina diaria me obliga a parar todos los días, a las 08:00, en la cafetería de la esquina. El ritual manda a buscar la mesa que da a la ventana; pedir un café cargado; leer el periódico y tomar el primer autobús a la ciudad. Aquel miércoles yo me había decidido dejar de lado las noticias buenas y malas del mundo. También había dejado la cobardía esperando en la calle. Entré y en la mesa abrí el catálogo de mis soledades. Repasé todas las veces que perdí amores. Los que me dejaron y los que abandoné. Los platónicos e idealistas.
De repente, todo cambió cuando vi una sombra delante de mí. Era uno de ellos. Me advirtió que no me asustara. Se acomodó cual invasor y me miró el alma. Sus ojos fueron mi Vietnam. “Solo eres alguien demasiado arañada por la tela de vida”, dijo. Yo me mantuve muda e incolora. Su sinceridad me tumbó. La verdad es que hay silencios tan sinceros que ni la lluvia debiera romper. Como no hay pudor o disimulo que esconda un ‘sí’ rotundo, quedé delatada.
**
Luego de algunos minutos acepté su presencia. No solo en la mesa, sino en mi vida. Él también ha sido arañado y golpeado. Tal vez eso fue lo que me cautivó. Las heridas, entre dos, sanan mejor. Así, ese día comprendí que no existe lo innombrable y algo se perdió al entenderlo: el temor. Lo abracé y tuve la vejez en mis brazos; palpé mi futuro. Desde entonces, él es mi luna llena y mi corazón está contento.

Su presencia me hace por dentro lo que, de niña, me hacía la palabra ‘carnaval’. Un manojo de emociones que forman un continente de amor sin fronteras. Le robé la primavera a Vivaldi para vivirla con él, aunque no tenga nombre.

Periodismo ciudadano y #30S

El 30S fue el día en que una crisis de seguridad fue iniciada, en Ecuador, a través de una revuelta policial contra una ley salarial, el 30 de septiembre de 2010, y que fue calificada por el gobierno del presidente Rafael Correa como un “planificado intento de golpe de Estado en su contra”. En esa ocasión fue la primera vez la red social Twitter fue usada de manera masiva por periodistas y ciudadanos, quienes al ver que la única señal que era transmitida por televisión era la oficial, comenzaron a tuitear y compartir mensajes sobre los hechos ocurridos aquel día.

 Cuatro años después de estos acontecimientos, los usuarios que estuvieron activos en las redes sociales, aún recuerdan aquel día. Al preguntarles, algunos ciudadanos respondieron:

Imagen

Imagen 

Imagen

Imagen

Imagen

Imagen

Imagen

Una herramienta clara de libertad de expresión aquel día, fue la internet. Los portales de noticias como La República, El Comercio, Diario Expreso, Diario El UniversoDiario Hoy, entre otros, recopilaron información de todos los hechos que no se pudieron ver en la televisión. Además, imágenes del caos se hicieron públicas a través las redes sociales. Steffano Dueñas, periodista de Expreso, recuerda que varias personas monitoreaban en la redacción todos los testimonios que llegaban a la página web del diario. “Cuando todo comenzó, los periodistas nos dividimos en dos bandos: los que salieron a las calles y los que nos quedamos a verificar la información de Twitter. Fue complicado, porque la red se congestionó varias veces en el día, pero lo que la gente tuiteaba era terrible. Robos, asaltos, bombas y disparos. La ciudadanía estaba aterrorizada”, comentó.

Los blogs también fueron un vía para contar lo sucedido el 30S. Un claro ejemplo es la bitácora periodistaselectronicos.wordpress.com  donde la periodista Evelyn Tapia narra los hechos en forma de crónica. “El país alcanzó su primer ‘trending topic’ mundial en la red social Twitter un 2 de agosto del 2010 por causa de un falso OVNI en Samborondón, provincia del Guayas. Hasta ese momento los ecuatorianos no habíamos descubierto el potencial útil del microblog. En medio de la sublevación policial, las redes pasaron de ser un canal para compartir vida social y entretenimiento a ocupar el puesto de la televisión. El 30S, Facebook y sobretodo Twitter se democratizaron”.  

Es evidente que el tema se volvió tan importante en la historia nacional, que por segunda ocasión los tuiteros de Ecuador posicionaron un tema en los ‘trending topics’ a nivel mundial: 30S. Incluso el tweet de la Presidencia de la República: ‘Gobierno declara estado de Excepción #Ecuador #30S,” ocupó el puesto 5 entre los diez tweets más poderosos del 2010. El periodismo ciudadano tomó la posta. Los testigos que, sin ser periodistas, informaron, dieron el ejemplo del poder de las redes sociales en la comunicación.

Una carta de amor

Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo,
porque en el fondo es todo.
Como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía;
todo eso que es tan poco
yo lo quiero de vos porque te quiero.
Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia del mañana,
que el grito de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,
y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.
Julio Cortázar
Imagen

Mi primavera

Varios días de exámenes me confirmaron que el cáncer se está apoderando de una parte de mi cuerpo. Ese jueves, luego de hablar con el doctor y salir del consultorio, experimenté mi primer alzheimer emocional. Me olvidé de sentir dolor o rabia o esperanza. No había ningún tipo de emoción rodeándome. 

Llegué a casa, abracé a mi madre, me despedí y viajé ocho horas hasta llegar a la ciudad donde actualmente vivo. Salí a caminar y me detuve frente al portal de la casa 62. Entre las rejas podía ver al jardinero que cuida todos los días el patio trasero de la anciana del barrio. No sé el nombre de la señora, pero a veces creo que tiene cara de Dolores; las que se llaman así suelen arrastrar un pasado lleno de tragedias. Sin embargo, cuando despierto de buen humor, pienso que podría llamarse Lucía. Conjeturas cotidianas. 

Regresando al jardinero, mientras lo veía me percaté que no llevaba zapatos pero regaba con delicadeza unas flores amarillas, como un acto de fe. En ese momento yo estaba moviéndome en la delgada línea entre entender una enfermedad y desmoronarme. Hay quienes se enferman de nada, sólo para morirse; por un momento llegué a pensar que nada es más natural y sensato que eso, pero entendí que siempre habrá alguien empeñado en salvarnos, y ese jardinero me salvó a mi. Es que hay personas que te detienen a vivirlas. Yo tengo un trabajo, una familia, un exnovio y un gato. Él solamente tiene sus flores amarillas y nada se compara con ese patrimonio del corazón, porque hizo de ese jardín una eterna primavera. 

Padezco un exceso de diagnósticos mortales, pero con ver a ese hombre cuidando lo que más quiere, siento que mi primavera está comenzando con el cáncer y grita “¡Ámame!”. ¿Puede alguien mirar el amor a la vida de frente y murmurar que no cree en él? Yo no. Solo ahora entiendo lo que dijeron por ahí: Reconciliarse con la vida es dejar de tratarla como si fuera eterna.

Tal vez lo único que necesitaba era un remezón. Un cáncer. Así aprendo a caminar con la luz puesta y a decirle a la sombra que vuelva otro día.

Olor a mar

Aquella noche poblé su desvelo. Entré a la única habitación de la playa de atracciones fatales y segundos después vio mi silueta en el umbral de la puerta, mientras yo confirmaba que él siempre estuvo esperando ese momento; quise entender cómo podía caber tanta sensualidad entre la luz y la sombra. Me acerqué un poco a su rostro, lo suficiente para que me besara de raíz. Minutos después estábamos haciendo el amor. Yo repetía su nombre. Lo gritaba y lo susurraba. Es que para mí, su nombre me hace por dentro lo que, de niña, me hacía la palabra Navidad. Entonces recordé a Lydia Cacho: “Perder la pasión para mí, no es negociable”. 

Entre el placer y la emoción tuve un momento de lucidez y me di cuenta que olíamos a mar; ese olor no se olvida, se queda impregnado en cada esquina del alma. Las caricias y los suspiros se convirtieron en una apología al amor. Tantos pasos dados por el camino de la vida para terminar suspendidos en apenas minutos que parecieron siglos. Siglos de historia; de nuestra historia. Recuerdo que marqué varios graffitis en el mapa de su piel y al final, rendidos de placer, nos abrazamos y tramamos recuerdos a futuro. Imaginamos cómo recordaríamos ese momento luego de diez años. Apagamos la luz y nos hicimos ocaso.

Después me vestí y con un abrazo me despedí. Le dije: “Déjame un beso, ahí, en ese rincón del silencio”. Salí y mientras caminaba por la orilla de aquella playa, decidí sentarme y escribir en la arena eso que nos acababa de suceder. Nosotros somos de esos que vivimos para contarlo no a voces, sino a letras.  Amarnos de esa manera fue como una ola de mar. Así de efímero; así de bello.

 

¿La escala de Richter medirá esos temblores del corazón? No lo sé.

Como decía Cortázar: “Nada estaba explicado pero era algo que podía prescindir de explicación”. 

Imagen

Revolución

Yo no sabía lo que es sentir el amor en la piel. Con mis dedos, y si que él se dé cuenta, recorro cada lunar de su espalda y aquel mapa es lo único que necesito para estar segura de mi destino. Y hay algo. Magia, tal vez. Hablamos hondo y rotundo, sin decir una sola palabra. 

Los seres humanos estamos hechos para lo improbable. Como decía Cortázar: “Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos”. Cuando piensas que tu vida va tranquila, llega alguien y rompe todo. Con la completa consciencia de lo que está pasando, lo permites. Lo haces porque, entre la razón y la emoción, la lógica indica que primero estás tú, tus proyectos y tu corazón. Y piensas que es momento de compartir todo eso y te lanzas al abismo de los sentimientos. 

Cuando aterrizas, te esperan abrazos, una buena conversación y tal vez un vino. Así se empieza. Y poco a poco vas entendiendo que no necesitas más. Los detalles están en las palabras. Y cuando éstas traen malos entendidos, en el mejor de los casos no es el punto sobre las íes sino el acento sobre los síes lo que importa. Es mejor un “sí, te dije la verdad” a un “no, yo no te mentí”.  Nada le sienta a los ojos como un desfile de verdades en la boca que tiene de frente. 

El lado B del amor es la libertad, y eso esclaviza. Él y yo lo sabemos. A ratos, algunas teorías de Freud son más exactas que la infalible ley de Murphy. Lo que cuesta que una emoción nos despeine por dentro. Por eso no queremos domarla ni peinarla con limón. Dejemos lo patriotas. Para revoluciones, los puentes emotivos. Y eso es lo que vivo junto a él, todos los días: una revolución de amor.

#YoAmoInternet

Me conecto, luego existo.

Debo amarlo demasiado para dedicarle un post (algo que ni siquiera lo he hecho con mi novio) por San Valentin. La verdad es que #YoAmoInternet porque, básica y sencillamente, me tiene conectada al mundo. Es fascinante si no lo llevamos al extremo, claro. skype-pen

Todas las mañanas, mientras desayuno, estoy leyendo los diarios locales; y si me alcanza el tiempo, me voy hasta los europeos. Y cómo no amar internet, si es la única vía que tengo para comunicarme con mi hermana y su esposo que viven en Alemania. Nos vemos en tiempo real. Tan real que hasta se nos olvida que estamos en diferentes continentes. ¡GRACIAS SKYPE!

Puedo leer sobre cocina, literatura, música, cine, política, crimen, deportes, viajes, rutas, fenómenos paranormales, historia, corrupción, etc. Gracias al post de un pibe argentino sé que, luego del asesinato de sus abuelas, Fito Páez declaró que él no ofrecía su corazón a ninguna mierda. Una noche fue a ver a Los Redondos y lo invitaron al camerino. Entonces el Indio Solari se le acercó y le aconsejó que no dijera cosas como aquellas, porque Yo vengo a ofrecer mi corazón es una canción hermosa.  Sin internet, tal vez, pocos sabrían esto.

Cómo no amarlo, si fue un factor esencial para el nacimiento de #LoxaEsMás. Y si no sabe qué es #LoxaEsMás, no le voy a decir “vaya y pregunte”. Lo invito a que venga y haga click. Y lea. Si le interesa, únase. Acá somos frescos, no trolleamos ni a los barcelonistas ni a los hippies.

contenidos_facebook-pen256Mientras mis padres se preguntan qué será de sus compañeros de escuela, de los míos sé hasta que desayunaron ayer. Facebook me lo cuenta, aunque a veces a mi no me interesen esos detalles. Gracias a internet sé que Andrea está estudiando en Estados Unidos, que a Michelle le va bien con la biología y que “Tripi” se fue a una expedición a la Antártida. True story. ¡GRACIAS FACEBOOK!

Pero para mí, el rey de reyes es Twitter. 140 caracteres que en realidad son 140 riesgos de typos pero que en verdad son 140 pedazos que forman genialidades (a veces). Sé lo que sucede en Venezuela, Colombia, Estados Unidos, Haití y muchos países más. Como les digo, estoy conectada. twitter-pen

Gracias a internet, estoy convencida de que el conocimiento libre y la colaboración distribuida deben aprovecharse. Hoy leí que en el 2008, durante la Web 2.0 Expo de San Francisco, el autor y profesor norteamericano, Clay Shirky, dijo que si se destinara solamente el 1% del total de horas que se usan al año solo en Estados Unidos para ver televisión y se orientaran a crear proyectos colaborativos en línea, contaríamos cada año con 100 nuevas Wikipedias completas.

Por esto y mucho, pero muchos motivos más #YoAmoInternet.

Blog-types

Adiós, Juan Gelman

Por mal que les pese a los profesores de colegio, tienen que admitir que sus clases no están cargadas ni de creatividad ni de imaginación. Mi materia favorita, cuando tenía 15 o 16 años, era Lenguaje. Desde aquel tiempo sentía que nada me daba más placer que escribir ensayos y análisis sobre un tema específico. Por ejemplo, al principio me resultaba exquisito tener que leer, leer y leer sobre la historia de los presidentes de Ecuador y analizar diferentes situaciones sobre mi diminuto y nada ilustrado punto de vista. Luego de unos meses me di cuenta que mis profesores de bachillerato no proponían más temas que ese, y entonces todo se volvió una rutina. Pasé tres años de mi vida escribiendo sobre ese personaje inefable de la historia política del país que comía guatita y cantaba con tecnocumbieras.

Y hasta ahí todo era peaceandlove (?) hasta que llegaba el tiempo de la poesía. Sí, dejábamos los ensayos a un lado para escribir versos. Siempre he sido una mujer introvertida. Detesto ser el foco de atención. Cuando siento que alguien me está viendo más de 10 segundos seguidos me pongo nerviosa y mis manos se vuelven torpes. Tiro todo al piso. Me tropiezo con cualquier objeto. Huyo. ¿Se imaginan lo que era escribir líneas que, según yo, estaban cargadas de un sentimentalismo absurdo, y además tener que declamarlas delante de todos mis compañeros de clase? Era terrible.

Luego vino la universidad y esta fue la época donde más disfruté de mis libros. Descubrí a muchos autores que me cambiaron la vida; Foster Wallace, Ginsberg, Kerouac. También me enamoré del cine. Alguna vez llegó a mis manos el dvd de El lado oscuro del corazón y por primera vez disfruté la poesía. Me enganché de una manera inexplicable con Poco se sabe, un poema de Juan Gelman. Hasta ahora tengo el audio en mi celular de Darío Grandinetti diciéndolo.

Hace unos minutos leí en Twitter que Juan Gelman murió. No debería sorprendernos porque todos vamos a terminar igual, pero cuando un personaje como Gelman se va, uno no puede hacer otra cosa que romperse leyendo sus poemas y agradecer a la internet, porque al autor no podemos, por permitirnos disfrutar una noche de martes un conjunto de versos de un hombre que nos hizo feliz y nos destruyó al mismo tiempo sin pedir nada a cambio.