Mes: enero 2013

#martescultural, producción audiovisual en Loxa

Los martes se hicieron para ver cosas diferentes, y si ustedes no sabían, en Loxa se realizan producciones audiovisuales de alto nivel. Aquí una muestra:

Una muestra del trabajo de Reel Dreams:

El viaje de la concertina y Utopika de Vortex Films:

Tócame y Al otro lado del silencio de @JhoeValentin:

Este es el trabajo que se realiza en nuestra ciudad. Si tienen más contenido pueden compartirlo en la red, que de eso se trata 🙂

#martescultural: Imaginantes*

Hoy en nuestro #martescultural:

Imaginantes* es una producción de Fundación Televisa, donde a partir de una historia, frase o cuento, se combina la imagen, la palabra y el sonido para cautivar los sentidos. Esto es una muestra de cómo podemos imaginar, en breves minutos, varios mundos paralelos:

El cuento, Pablo Palacio

Existe en la actualidad asuntos importantísimos de explotación sociológica y política: lo de Marruecos, los sistemas de colonización francesa y española, el gran problema de las finanzas, la identidad de la Europa feudal y la América colonial, la difícil cuestión de la procedencia de los primeros habitantes de este continente, y muchísimos más. Pero creo que brilla sobre todos la eternamente nueva y eternamente vieja opinión pública.

¡La opinión pública, freno de gobernantes y único timón seguro para conducir con buen éxito la nave del Estado! ¡La opinión pública, morigeradora de las costumbres políticas, de las costumbres sociales, de las costumbres religiosas!

Supongamos que pudiera existir un hombre que participe sincera e idénticamente de estas ideas. Luego este hombre debe llamarse Francisco o Manuel y estar a la media edad, entre gordo y flaco, entre barbudo y no barbudo.

Este don Francisco o don Manuel, tiene que ser pequeño, de párpados con bolsas, usar jaquet y detestable sombrero.

Andará lentamente, bladiendo el bastón y moviendo las caderas.

Solterón y aburrido, deberá tener una amiga que fue amiga de todos, conquistada a fuerza de acostumbramiento, y a quien cualquier mequetrefe pudo llamar:

– Pts. Pts… (etc.).

Esta amiga -Laura o Judith- tendrá cualquier nariz -pongamos aguileña-, cualquier cabello -canela-, cualesquiera ojos -pardos-, y será larguirucha y voluntariosa.

Puede vivir al cabo de una calle sucia.

Puede tener amigas muy alegres con quienes celebre sesiones animadas, que suplicarán el cuento como el lodo de un vestido nuevo, al manotazo de un caballo en una charca.

El pequeño sociólogo, ¡oh maravilla!, tendrá que ir dos veces por semana al cabo de la calle conocida y dará vueltas junto a la puerta, mirando a todos lados, azorado, procurando evitar un mal encuentro. Cuando le arroje a la ventana la piedrecilla del silbido, ella hará gruñir los cristales y le contestará con la rabia de sus ojos.

Naturalmente, ella debe divertirse a costa de él, aunque con él no sea posible divertirse.

Y como el sociólogo no tendrá mal olfato, y como casi nunca sabrá lo que decir, ha de toser un poco enojado.

-Oyte, Laura -o Judith-, yo creo que aquí no has estado sola. Dime de quién es esa colilla.

Ella lo aplastará con el silencio.

Entonces, el sociólogo, acoquinado, tendrá que callar también un rato.

Después de ese rato.

-Bueno, Laura -o Judith-, no seas así. Parece que yo viniera a pedirte… por caridad. Anoche has estado con uno de mis amigos y él me contó, sin saber que…

Gran reacción:

-Ve, animal: yo ya no puedo aguantarte más tus cochinadas. ¡Si vienes otra vez con esas, te rajo la cabeza!

Pensamiento:

¨Si esta mujer me raja la cabeza, ¿qué dirá la opinión pública?¨

La puerta

Muchas veces tuve ganas de hacerlo, pero el miedo me venció porque mamá siempre me advirtió que no abriera esa puerta. Todas menos esa. Incluso cuando mis amigas iban a jugar en casa, nunca la abríamos ni por travesuras; teníamos un límite para estar paradas frente a ella. Ustedes y yo sabemos que cuando somos niños no entendemos porqué los papás nos niegan las cosas, y por eso nunca dejé de preguntarme qué podría haber detrás de esa puerta: ¿flores?¿un jardín? Tal vez una casa de muñecas.

Un día cualquiera, mamá dijo que abriría esa puerta, y que regresaría a la cena. La esperé pero nunca llegó. No la vi mucho tiempo; no sé si fueron meses o años, porque perdí la cuenta el día en que papá dijo que la vida continúa, con mamá o sin ella. Alguna vez la vi cuando salía a escondidas del cuarto, pero fueron instantes. O tal vez no. Nos vimos pero no nos reconocimos. Ella tenía raíces en los pies, y unas cuantas ramas en su cabello. Yo estaba en la mitad de mi metamorfosis.

Mamá murió pocos minutos antes de que Soledad, mi hija, naciera. No pudimos sacar su cuerpo porque las ramas de sus pies impedían que la puerta se abriera, o al menos eso queremos suponer papá y yo.

Las puertas y la imaginación infinita.

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Es una locura

¿Por qué la gente tiene blogs? Es una locura. Quedarte del avión, romperte un pie, no comer pimiento; creer o no creer en las personas. Es una locura. ¿Sabías que Aura está escrito en segunda persona? Los gatos y los puntos no existen, todo es parte del realismo mágico. La gente cree lo que le conviene. Me dijiste que aún no lees Rayuela, y sin embargo te propuse ser tu Maga. No me conviene la cebolla antes de los besos. Si los puntos no existen ¿cómo los ves en este texto? Tal vez solo simulamos ver pausas, aunque en realidad queremos que sea algo continuo.

A veces pienso que la voz de Janet Devlin es especial. ¿Qué es especial? ¨You can tell everybody this is your song¨ (or post). Que el brócoli tenga propiedades curativas es una locura. Tus manos curan. Y el brócoli. Las preguntas como excusas: ¿ves lo que soy por dentro? Al final no importa la respuesta; siempre elegiré lo que me conviene. Como tú. Como todos.

Vivimos en un mundo donde los emoticones son las expresiones gráficas de los sentimientos. Todo esto es una locura. La universidad, los amigos, los momentos. Tomaría un avión con la excusa de ir a jugar Scrabble. Aquí es cuando pienso en la importancia de educar las emociones, but i think it’s impossible my friend! Sentir el vértigo al llegar al final de un libro. Una locura.

Todo esto es tan loco como las miradas que atraviesan distancias, como las letras que se convirtieron en humanos y como quedarme contigo y ser feliz.

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Una tarde

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Contemporáneos, sí, pero sólo nos encontramos una tarde en plena juventud de los dos. Sólo una tarde bajo el mar del tiempo, ante sus cuadros en que estallaba el don de la pintura y el espíritu de una época hoy ya borrada. Gran amistad, profunda camaradería de unas horas. Acordes porque todo estaba por delante y eran para nosotros el porvenir y el arte.

Nos llevamos tan bien que sin decirlo preferimos no volver a vernos. Ella continúa, yo prosigo. Nos dejamos de ver a los veinte años, no nos reconoceríamos ahora. Seremos para siempre los mejores amigos de una tarde, una sola tarde en la inmensa vida.

José Emilio Pacheco