La puerta

Muchas veces tuve ganas de hacerlo, pero el miedo me venció porque mamá siempre me advirtió que no abriera esa puerta. Todas menos esa. Incluso cuando mis amigas iban a jugar en casa, nunca la abríamos ni por travesuras; teníamos un límite para estar paradas frente a ella. Ustedes y yo sabemos que cuando somos niños no entendemos porqué los papás nos niegan las cosas, y por eso nunca dejé de preguntarme qué podría haber detrás de esa puerta: ¿flores?¿un jardín? Tal vez una casa de muñecas.

Un día cualquiera, mamá dijo que abriría esa puerta, y que regresaría a la cena. La esperé pero nunca llegó. No la vi mucho tiempo; no sé si fueron meses o años, porque perdí la cuenta el día en que papá dijo que la vida continúa, con mamá o sin ella. Alguna vez la vi cuando salía a escondidas del cuarto, pero fueron instantes. O tal vez no. Nos vimos pero no nos reconocimos. Ella tenía raíces en los pies, y unas cuantas ramas en su cabello. Yo estaba en la mitad de mi metamorfosis.

Mamá murió pocos minutos antes de que Soledad, mi hija, naciera. No pudimos sacar su cuerpo porque las ramas de sus pies impedían que la puerta se abriera, o al menos eso queremos suponer papá y yo.

Las puertas y la imaginación infinita.

Imagen

One comment

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s