Mes: octubre 2013

Un lugar común

Hay muchos clichés que nos rodean desde que tenemos uso de razón. “El que persevera alcanza”; “Dar para recibir”; “No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti”; “Puedes ser lo que quieres ser”

Ser las flores amarillas del jardín. 

El niño que nunca dejó de jugar con legos.

El jefe al que le apesta todo. O el amable.

La pareja que baila The way you look tonight el día de su matrimonio. 

Podríamos ser tantas cosas. Un lugar común, por ejemplo. Esta ciudad está llena de lugares que no llaman la atención, como el parque del barrio. Todos los días, cuando voy camino al trabajo, veo a la señora de las empanadas contando monedas. A un lado su hijo terminando la tarea, sentado en la vereda y con el cuaderno apoyado en las piernas. Si voy a tiempo, 08:45 avanzo a ver al oficinista, con traje y maletín. Y si voy atrasada, puede ser que a las 09:00 me encuentre con la chica que una vez me recomendó leer a Rimbaud. 

Todos los miércoles veo pasar a Juan. Va con sus muletas y una mochila. Hace dos meses tuvo un accidente. Su novia murió y él quedó con una recuperación sin efecto. Cada vez que habla de ella, la recuerda como la mujer más hermosa del mundo. Juan es el superhéroe de una muerta. Va un día a la semana al parque porque a Laura le gustaba ir. Y mira cada árbol, cada esquina. Le gusta creer que cada brisa fuerte que choca en su cara, es ella. 

Podemos ser lo que queramos ser. Yo escojo el lugar común con gente ordinaria. Gente que, a pesar de una pérdida o pobreza, vive. Piensa, siente, recuerda, camina.

Vive…

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