Hernan Casciari

En casa no suena Zeppelin

Estaba en Twitter (para variar) y encontré un enlace que @casciari publicó sobre Bonsai, el nuevo proyecto de Orsai. Se trata de una comedia en papel que aparece cada dos meses, pero avanza todas las semanas en internet. Un link me llevó a otra página, a otra, y a otra más, hasta que me detuve en la primera entrada de la blognovela. Me erizó la piel y el corazón.

Pueden leerla, o escucharla, gracias a un lector que le gustó tanto la historia, que la grabó y la subió a Youtube.

Esta parte fue la que más me gustó:

Ayer bajé a la imprenta y le pregunté por qué la revista que estamos haciendo se llama Bonsai.

—Se llama así por una conversación que tuvimos con tu mamá —me contó—. Ella ya estaba en la cama, muy débil, y yo estaba un poco triste. Yo le dije: «¿Qué vamos a hacer sin vos? ¿Tres enanos que no saben nada de la vida y un tronco como yo?». Y mami me contestó: «¿Un tronco y tres enanos? Pueden hacer un bonsai».

Me encantó esa conversación. Pero sobre todo me encanta volver del colegio y escuchar los ruidos de la imprenta, y oír que, atrás de los ruidos, papá volvió a cantar canciones de rock pesado.

Sigue sin poner discos, pero por lo menos canta. Yo creo que un día de estos va a poner otra vez a Zeppelin.

Terminé de leer y me apresuré a registrarme en la página para recibir las alertas de las nuevas publicaciones y poder comprar la revista en enero. Seguramente a ustedes les pasará lo mismo.

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Emancipar la cultura

Para empezar este post es necesario contarles sobre Diario de una mujer gorda, un weblog del argentino Hernan Casciari (@casciari) que cuenta con humor las andanzas de Mirta Bertotti, ama de casa mercedina. En el 2006 fue creciendo hasta convertirse en una obra de teatro que llegó a la calle Corrientes, de la mano de Antonio Gasalla. Después de ese blog se armó otro llamado Orsai,  y a partir de ahí se fue consolidando una comunidad de lectores cada vez más fuerte, más grande y amplia, hasta que el blog viró en lo que hoy llamamos Editorial Orsai, una revista que se publica bimestralmente en papel, y que reúne autores de muchas partes del mundo.

Supe de todo esto gracias a @Hiscariotte, me lo contó hace algún tiempo mientras tomábamos café en El Viejo Minero, el bar de siempre. Entre todos los detalles sobre Orsai, Pablo me explicó por qué la revista no contiene publicidad. A los autores de la revista les gusta la publicidad como género artístico; admiran una buena idea gráfica, o un gran spot. Lo que odian, y mucho, es la cárcel económica de ésta.

Hoy, navegando en el blog de la revista, encontré una publicación que me hizo reflexionar. Cuando leí la entrada Si fuera cocaína sería más fácil me detuve varias veces en el siguiente párrafo:

¿De qué hablan los ministros de cultura de esos países cuando se reúnen y se abrazan? Son todos de izquierda, son todos grandes lectores del boom, todos sueñan con una Latinoamérica unida, pero los libros no pueden circular sin que aparezcan impuestos, retenciones, impedimentos y palabras de mierda terminadas en «eo».

Dada nuestra realidad, Casciari nos hace una propuesta a todos los lectores de los países a los que Orsai no llega con facilidad, por cuestiones de transporte e impuestos: buscar imprentas que se autogestionen con nosotros. Y no es solo esto, sino que también plantea la posibilidad de que ya no sea una propuesta de los autores y lectores de la revista,  sino que podría llevarse a cabo a través de los ministerios de cultura de izquierda de cada país latinoamericano.

Imaginen, por un segundo, que nosotros pudiéramos dedicarnos solamente a leer, a dibujar y a escribir.

Existe la posibilidad de convertirnos en correo humano de nuestras propias decisiones culturales. ¿Podemos emancipar los mejores contenidos, cuentos, crónicas y dibujos que son esclavos de dinero y políticas internaciones? Orsai nos demostró que existen personas allá afuera que están esperando por nosotros, esperando escuchar y actuar por un “sí, claro que podemos”.